Split tiene uno de los mercados de alquiler turístico más activos de Croacia: en verano, miles de apartamentos de la ciudad se alquilan a turistas vía Airbnb y Booking. En septiembre-octubre, cuando el estudiante empieza, muchos de esos propietarios buscan inquilinos para el invierno — pero sin siempre formalizar el cambio a un contrato de arrendamiento residencial (ugovor o najmu stana). La razón es fiscal: muchos están registrados como alojamiento turístico y no quieren complicar su situación con Hacienda croata.
El problema para el estudiante: sin contrato de arrendamiento residencial no puede tramitar la prijava boravišta (registro de residencia obligatorio en Croacia para estancias >3 meses), no tiene protección legal si el propietario rescinde antes de tiempo, y no puede reclamar la devolución de la fianza con respaldo legal. El piso puede ser perfectamente habitable, pero la relación contractual es la de un turista, no la de un inquilino.
En Split: exigir siempre contrato de arrendamiento residencial (ugovor o najmu stana) antes de cualquier pago. Si el propietario dice que "no hace contratos residenciales" porque lo tiene registrado como turístico, buscar otra opción. Un precio aparentemente bajo con cero protección legal no es un buen trato.